¿Por qué tenemos una vacuna para el coronavirus y no tenemos una para el VIH?

Ahora que comenzó la vacunación contra el COVID-19, muchas personas se han preguntado ¿por qué tenemos vacuna contra el COVID y no contra el VIH? La palabra pandemia la asociamos con COVID-19, sin embargo, olvidamos que durante los últimos 40 años hemos estados inmersos en la pandemia del VIH/SIDA. En el caso de COVID-19, en poco menos de 1 año, se han registrado 66 millones de casos y más de 1.5 millones de muertes. Para el VIH, se han reportado casi 76 millones de personas infectadas y 33 millones de muertes en casi 40 años.


El VIH es el virus que causa la enfermedad conocida como SIDA mientras que el SARS-CoV-2 provoca la enfermedad COVID-19. Ambos son virus, pero de familias diferentes con mecanismos de infección distintos que producen enfermedades no relacionadas. Las diferencias entre VIH y SARS-CoV-2 son dramáticas. El VIH se transmite mediante sexo, sangre y de la madre al infante. El VIH no se transmite casualmente, por contacto físico o por aire, como suele hacerlo el SARS-CoV-2. De hecho, este último, se transmite principalmente mediante microgotas al hablar y por aire. Un individuo puede tener cualquiera de estos dos virus de manera asintomática, y aun así, transmitirlo a otras personas. El SIDA puede tomar años en desarrollarse mientras que el COVID-19 puede manifestarse a tan solo 5-9 días luego de la infección inicial, indudablemente las diferencias son significativas.

Como el VIH está presente en la sangre, se usan pruebas rápidas para detectar la presencia de antígenos virales y anticuerpos. En el caso del SARS-CoV-2, este se aloja principalmente en las vías respiratorias, permitiendo que las pruebas diagnósticas (PCR molecular) detecten la presencia del material genético del virus en la nasofaringe y saliva. Las pruebas rápidas de sangre solo miden la presencia de anticuerpos que evidencia la infección pasada. Al momento no contamos con una prueba combinada de antígeno y anticuerpo como ocurre con el VIH, pero las pruebas para diagnosticar SARS-CoV-2 continúan evolucionando para generar alternativas rápidas, certeras y reproducibles. El VIH es progresivo, pero en la mayoría de los casos, los tratamientos mejoran el sistema inmunológico prolongando así la vida. Sin embargo, en el caso del COVID-19 no tenemos tratamientos tan efectivos como para el VIH, ni tampoco preventivos.


¿Hay cura? El VIH es un retrovirus que se inserta en el ADN de la célula que infecta, es decir, se integra a nuestro genoma imposibilitando su remoción. El SARS-CoV-2 no inserta su material genético en el genoma de la célula infectada. Al presente, solo hay dos personas que se han “curado” (entrecomillas) dado que recibieron trasplantes de células madre que expresaban una mutación particular que evitaba la entrada del VIH a sus células. Los tratamientos efectivos que evitan que las personas transmitan sexualmente el VIH, harán posible controlar la pandemia. Pruebas y el acceso a tratamiento temprano, pero no con vacunas ya que no existen. ¿Por qué? El VIH se multiplica en el cuerpo cada 6.3 horas, y durante este proceso, cambia las proteínas de su superficie y los anticuerpos que se desarrollan no lo reconocen por tantos cambios. Es decir, cambia su fachada frecuentemente. Esta es la razón principal por la cual todavía no existe una vacuna para VIH, la reconfiguración continua de las proteínas en su superficie impide desarrollar una vacuna. Afortunadamente, la poca variabilidad del SARS-CoV-2 en conjunto con el conocimiento acumulado y la tecnología desarrollada por el campo de vacunas de VIH, han permitido adelantar investigaciones para producir vacunas basadas en mRNA, las vacunas de Pfizer y MODERNA son ejemplo de ello. Hay otros tipos de vacunas en desarrollo y se espera que también sean efectivas. Las vacunas contra el COVID-19 nos ayudarán a retomar las actividades que pusimos en alto, son el único camino de regreso y son la esperanza de un mundo mejor.



Por:

Carmen D. Zorrilla, MD (Decana interina de Investigación-RCM) y

Manuel Delgado, PhD (Profesor asociado de Investigación, UPR-RP)

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